Traductor - Translation

La tapa de siempre

La tapa de siempre
Violeta y el Camino de los 22 Arcanos

miércoles, 17 de agosto de 2016

Cuando el arte invita a la reflexión. Temas existenciales y espirituales en novelas y películas. 5.

La película Mar Adentro y el tema del suicidio asistido

   Esta excelente película, dirigida por el talentoso director español Alejandro Amenábar,  se basa en un caso real: el de Ramón Sampedro, un hombre de Galicia, quien después de quedar incapacitado debido a un accidente, estuvo postrado en la cama durante treinta años y luchó durante largo tiempo para que se le permitiera recurrir legalmente al suicidio asistido, sin conseguirlo. La película, que lleva muchos años de estrenada, renovó las polémicas que este delicado tema despierta. 
   El suicidio asistido, que no es lo mismo que la eutanasia, está prohibido en la mayoría de los países del mundo, con excepción de Holanda (un país de avanzada respecto a los derechos individuales) y unos pocos lugares más. Eutanasia, según el Diccionario de la Real Academia, es la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera la muerte de ellos, con su consentimiento o sin él. Suicidio asistido significa suicidarse con ayuda de otros, pero sin que el peso de la ley caiga sobre los ayudantes. 
   La legislación mundial sobre la salud está avanzando en este tema, permitiendo una creciente libertad por parte de los enfermos. Hay nuevas leyes que garantizan el derecho de los enfermos terminales a rechazar cirugías, o tratamientos médicos y de reanimación que prolongarían sus vidas… y también sus sufrimientos.      
    Pero éste es uno de esos temas sobre los cuales es imposible ponerse de acuerdo, porque depende de la visión del mundo y los valores del que opina. La película de Amenábar apoya claramente la causa de Sampedro (magistralmente interpretado por Javier Bardem),  y el personaje, lo mismo que su inspirador, rechaza todas los esfuerzos de los demás en contra de su deseo de  morir, tanto por parte de miembros de su familia  como de representantes de la iglesia, e incluso de dos mujeres que lo aman, a pesar de su invalidez. Sampedro dejó textos publicados, manifestando que una muerte deseada para liberarse de un dolor irremediable está bien y que cada persona tiene el derecho a disponer de su propia vida. Él quería morir, no soportaba vivir en esas condiciones, pero hay muchas personas discapacitadas que continúan peleando por vivir y que eligen quedarse. 
   Y aunque coincido  en que cada uno puede disponer de su propia vida, comentaré un caso que llamó mucho mi atención y que me llevó a poner en duda este criterio. En Holanda, una mujer muy joven que había estado sometida a abuso sexual desde la infancia y padecía graves problemas psicológicos, pidió la eutanasia… ¡Y le fue concedida! Es el primer caso en el mundo en que se aplica la eutanasia debido a problemas psicológicos y no físicos. Cuando esto se supo, muchas voces se levantaron en contra, diciendo que dada la edad de la enferma se imponía continuar con los intentos que llevaran a su recuperación, asistirla de todos los modos posibles, y no acabar con su vida. Y en este caso no puedo menos que estar de acuerdo. La eutanasia y el suicidio asistido son válidos en los casos irremediables, cuando la persona está condenada a la absoluta incapacidad y a un sufrimiento crecientes. Pero en el caso de una persona joven, cuya psique puede evolucionar, como el caso de esta chica holandesa, me cuesta entender cómo los médicos y la supervisión legal que se aplica en Holanda para estos casos permitieron algo así. 
    Entonces la pregunta inevitable es: ¿cuándo realmente sabemos que la muerte, el deterioro y el sufrimiento son irreversibles?...  No hace demasiados años atrás, los médicos se permitían predecir el tiempo de vida que le quedaba a un paciente con cáncer. Creo que por fortuna ya no lo hacen. Los casos de remisiones espontáneas son numerosos cuando se trata de esta enfermedad, -un verdadero misterio biológico-, y por lo general ya no se considera al cáncer una enfermedad irreversible, sino una enfermedad que puede convertirse en crónica. 
    Por eso, pienso que con el tema de la eutanasia y el suicidio asistido no se puede generalizar. Así como cada persona es única, cada situación que requiere eutanasia o suicidio asistido es única. La vida es algo muy valioso y este asunto es muy complejo y delicado. Pero invita a la reflexión, ¿verdad?  
    
  

jueves, 2 de junio de 2016

Cuando el arte invita a la reflexión: una novela inolvidable


“El filo de la Navaja”  de William Somerset Maugham

   Habría que introducir a este autor, porque los más jóvenes no deben tener idea de quien fue. Se trata de un escritor inglés, muy leído durante la primera mitad del siglo XX, cuyas ficciones (obras de teatro, novelas y cuentos) tuvieron gran éxito en su época y se han llevado al cine muchas veces. Como otros grandes novelistas, partió de su experiencia vital para crear sus personajes y las tramas de sus historias, y en su franco realismo asoman más de una vez los temas metafísicos. Viajó mucho, sobre todo por Oriente, y tuvo una vida poco convencional. Los críticos no lo amaban, quizás porque no era lo suficientemente “literario”, pero sus historias son sinceras y transmiten autenticidad (lo que más me gusta en una historia),  y por eso el público sí lo amó. 
   Su novela “El filo de la navaja”,  que me impresionó profundamente en la adolescencia, aborda el tema de la búsqueda espiritual, aunque de un modo que imagino era el más adecuado para los lectores de esa época. Hoy en día, viajar a la India y pasar tiempo en uno o varios ashrams es algo bastante común, pero cuando Maugham escribió su novela era bastante raro y la India era un país remoto y desconocido.
   La historia está contada desde la perspectiva de un narrador testigo (el mismo Maugham) y por lo tanto con distancia, lo cual no le impide alcanzar profundidad. El protagonista, Larry, marcado por la primera guerra mundial en la cual participó, va abandonando su previsible vida burguesa y se instala inicialmente en París, donde vive un poco a la deriva, para viajar luego por otros sitios. Su búsqueda del sentido de la vida, que como suele suceder ha comenzado mediante la lectura de libros, es alentada providencialmente mediante encuentros significativos. Al conocer a un monje cristiano en Alemania, decide pasar un tiempo en un monasterio benedictino. Y después viaja a la India, donde tiene trascendentes experiencias. Finalmente vuelve a Occidente, pero convertido en una persona distinta, porque su búsqueda ha dado frutos.
   Hay historias paralelas en la novela, que se enlazan con la del protagonista, como las de dos mujeres con las cuales Larry se relaciona y otros personajes. Pero lo esencial, y lo que la convierte en una novela imborrable, es la historia del personaje central. 
   Hace relativamente poco, al leer la novela por segunda vez e investigar acerca de su autor, supe que Maugham había estado en la India y había pasado algún tiempo en el ashram de Sri Ramana Maharshi, en 1938.

  Y voy a confesar algo... Creo que las personas somos como semillas: nacemos con todas las potencialidades de lo que seremos y durante el transcurso de nuestra existencia nos limitamos a desplegarlas. Y esta novela es, en mi vida, una confirmación de eso. La primera vez que la leí estaba muy lejos aún de lo espiritual, y sin embargo la historia resonó en mí de un modo profundo y misterioso. Muchísimos años después, yo también comencé una búsqueda espiritual, viajé a otros países y pasé algún tiempo en la India. Y también, como W. S. Maugham, estuve en el ashram de Sri Ramana Maharshi. 

   Y ahora veamos algunas citas extraídas de la novela (de su versión original en inglés), que nos dan una pauta de cómo es en esencia. 
   ”Nada en el mundo es permanente, y somos tontos cuando queremos que algo dure, aunque somos más tontos aún en no disfrutar de esto mientras lo tenemos.”
   “Parecería que casi todas las personas que han tenido influencia en mí las conocí debido al azar. Sin embargo, mirando hacia atrás, siento que no podría no haberlas conocido.” 
   “Y entonces piensas en alguien que una hora atrás estaba lleno de vida y ahora yace muerto;  es todo tan cruel y sin sentido. Y es difícil no preguntarte qué es la vida y si hay algún sentido en ella, o si es todo un trágico error de un destino ciego.” 
   “Suelo pensar que hemos puesto nuestro ideal en cosas equivocadas; suelo pensar que el más grande ideal que un ser humano puede poner frente a sí es la autoperfección.”
  “Desearía que vieras cuán estimulante es la vida del espíritu y cuán rica en experiencia. Es ilimitada. ¡Es una vida tan feliz!”

viernes, 11 de marzo de 2016

Cuando el arte invita a la reflexión. Temas espirituales y existenciales en novelas y películas (4)



El cine de un gran director sueco

  Ingmar Bergman fue uno de los más geniales creadores cinematográficos de toda la historia del cine y también el que más usó este arte para expresar temas espirituales y existenciales de gran profundidad.

  Muchas de sus películas son desgarradoras. Los personajes se debaten en la duda, el dolor, la angustia, la culpa, la soledad... Y la búsqueda de Dios es tan dolorosa como frustrante. En "Luz de Invierno" el tema central son las dudas de un sacerdote acerca de la existencia de Dios. Y aunque su mensaje aparente es Dios no existe o dudo de su existencia (por el mal en el mundo, etc.), esa película no es la obra de un ateo sino la de un creyente en crisis.  
   En "El Silencio" hay furia, dolor y odio en los personajes de las dos hermanas, que nos muestran una existencia sin sentido. La mayor, enferma, se autodestruye con tabaco y alcohol; la otra se sumerge en el olvido de los sentidos. Vemos incomunicación, sufrimiento, crueldad...  El personaje del niño es el único sano, hay dulzura e inocencia en él (como en todo niño) y parece deslizarse por el mundo de los adultos como un ángel que mira y trata de comprender. 
   En una película temprana, que no tiene traducción al castellano (Nara Livet, en sueco), y donde aparecen tres mujeres que están en un hospital a punto de parir o por problemas relacionados con el embarazo, el director muestra la ineludible garra del destino, esas fuerzas poderosas e incontrolables que tuercen nuestras vidas en direcciones inesperadas, a pesar de nuestros deseos, y que a veces son positivas y a veces todo lo contrario, siendo una dimensión de la vida que difícilmente podemos controlar.  
   En "Detrás de un vidrio oscuro",  la búsqueda desesperada de Dios está unida a la locura. Y Él finalmente se muestra, pero en la forma de una horrible araña. En "El Séptimo Sello", la pregunta repetida es por qué Dios parece ausente del mundo. 

  Sin embargo, en algunos de esos films y en otros más tardíos, Bergman encuentra salidas que tienen que ver con el amor. En "Fresas salvajes", una de sus películas más admirables, vemos a un anciano médico, quien al comprender que se acerca al final de su vida, la revisa y la juzga mediante recuerdos, sueños y fantasías. Hay culpa y dolor, pero también perdón y reconciliación. Y una dulce amargura ante lo inevitable. Es un film melancólico, pero profundamente humano. El anciano doctor no parece haber sido un buen padre o esposo. Pero sus pacientes lo aman y lo consideran un gran médico, que siempre los ayudó desinteresadamente. Y Bergman es explícito al plantear esa totalidad: somos luminosos y oscuros, buenos y malos.  
 En "La Fuente de la Doncella",  después de la violencia, el dolor y la venganza, hay un milagro que es como un mensaje de Dios, una afirmación de Dios, que renueva la fe. 
 El sufrimiento y la muerte, temas centrales en "Gritos y Susurros", van unidos a la compasión, el amor y la fe de uno de los personajes.  En "Face to Face" (un drama hecho para la televisión), junto a la crisis de la protagonista y a elementos de incomunicación y falta de amor, aparecen en algunos personajes el amor y la compasión como fuerzas sanadoras.

   Además de los temas metafísicos, a Bergman también le preocupaban mucho las relaciones entre los seres humanos, sobre todo aquellas más íntimas, como entre hermanos, padres e hijos, esposa y esposo. "Escenas de la vida conyugal", desgarradoramente sincera, es un retrato auténtico y profundo de lo que suele ocurrir en una pareja cuando ya no funciona bien. Y cuando toca esos temas, Bergman muestra los extremos de crueldad a que un ser humano puede llegar cuando se relaciona con los seres que le son más cercanos. Así ocurre en "El Silencio" y en "Gritos y Susurros". 

  En sus obras el espacio de la conciencia está presente, y Bergman recurre para expresarlo a sueños y recuerdos, a presagios y premoniciones. En "El Séptimo Sello" hay visiones y apariciones, y las escenas donde el caballero juega al ajedrez con la muerte han pasado a la historia del cine como escenas ejemplares. En "Fresas Salvajes", los sueños y recuerdos son una parte sustancial de la película. 
 En esa maravillosa película que es "Fanny y Alexander", una obra de su madurez, aparece la magia como poder de la mente sobre la realidad material. A diferencia de muchas de sus obras tempranas, esta película -quizás la más perfecta en sus medios expresivos y en su modalidad narrativa- es por momentos jubilosa, y hay en ella una continua referencia a los planos invisibles: fantasmas que se comunican con los vivos, fenómenos ocultos como la telepatía y otros elementos sobrenaturales de importancia. 

   También hay, en muchas de sus creaciones, reflexiones acerca del arte. En "Fanny y Alexander", un personaje discurre acerca del teatro, "ese pequeño mundo que puede ayudarnos a comprender o tolerar el mundo de afuera, el de todos los días." Y otro personaje afirma que "en la vida representamos un papel, a semejanza de lo que se hace en el teatro".

  La obra cinematográfica de Ingmar Bergman es, en su conjunto, el ejemplo más perfecto del arte usado para plantear los grandes temas inherentes a nuestra condición humana. Y eso, unido a la perfección expresiva de sus films, los convierten en obras de arte imperecederas. 

 Hay más sobre Bergman en el post "Por qué amábamos las películas de Ingmar Bergman, en el blog Vivencias de una Peregrina.

Nota: la mayoría de las películas mencionadas en este post pueden verse en        YouTube. 

domingo, 24 de enero de 2016

Escribir novelas espirituales

Escribir novelas espirituales es frustrante

   Lamentablemente he llegado a esta conclusión, aunque la misma no implica que dejaré de escribir novelas espirituales. Me apasiona escribir novelas, y sólo puedo escribir para transmitir lo que considero importante. Y como lo que considero importante es la espiritualidad y todo lo que ella implica, seguiré con estos temas. 
  Pero es frustrante… Y no me refiero al acto de escribirlas, sino a la posibilidad de que sean leídas. 
  Lo real es que en el mundo de hoy (al menos el hispano hablante), cada vez se lee menos ficción espiritual. Esto ya me lo habían dicho algunos editores, cuando rechazaron mi primera novela, diciendo que el mercado estaba saturado. 
 En general se lee poco y la ficción que atrae pertenece a otros géneros. Romántica, erótica, suspenso y policial, aventuras… Incluso el género histórico parece estar decayendo. 
 Y desviándome un poco del tema central de este post, compartiré otra reflexión: hoy en día, la mayoría de los escritores que han logrado ingresar en el mercado tradicional, sólo escriben con el objeto de vender. Y para eso recurren a procedimientos completamente irrespetuosos. Daré como ejemplo un reciente best seller, “El sari rojo”, de un novelista español, que es una biografía novelada de Sonia Gandhi, la mujer de origen italiano que -a partir de su casamiento con un hijo de Indira Gandhi, a quien conoció cuando ambos eran estudiantes de inglés en Inglaterra- se convirtió con el correr de los años en una de las mujeres más poderosas del escenario político indio. Sin duda es una vida interesante y por algo la novela se vendió muchísimo (aunque en la India está teniendo problemas legales), pero me parece una total falta de respeto novelar la vida de una persona que todavía vive. Es entrar en su intimidad y crear ficción a partir de hechos que pertenecen a su vida privada. Y esto carece de ética. 
  Di el ejemplo anterior, porque es una muestra de las tendencias editoriales que dominan el mercado y de lo que escriben los novelistas que venden.
  En cuanto a lo que se vende de ficción espiritual o ficción de autoayuda, inevitablemente corresponde a los autores que ya están instalados en el gusto del público y son famosos. Entonces Paulo Coelho, que sólo escribió un relato realmente inspirado (El alquimista) y que fue apenas un autor mediocre en sus demás libros, sigue siendo el más leído en esta clase de ficción. O se traducen a los autores norteamericanos, porque las pocas grandes editoriales que editan esta clase de ficciones, prefieren publicar traducciones de libros que ya se han vendido bien en sus países de origen, en vez de arriesgarse con autores nuevos. 
  Incluso en Estados Unidos, donde hay un mercado importante para esta clase de narrativa, los autores nuevos tienen muy limitado el número de sus lectores, como he comprobado al unirme a grupos que escriben esta clase de ficción en inglés, ficción que ellos llaman visionaria. 
   Así están las cosas… Escribo novelas porque amo hacerlo y no puedo no tocar los temas espirituales, porque son lo central en mi vida y en la vida de mis personajes. Y como escribo desde el corazón (o como dice una escritora chilena muy famosa, desde las tripas) seguiré escribiendo novelas espirituales. 
  Pero me temo que seguiré frustrándome… Algunas personas (seguidoras del pensamiento new age) dirán que lo estoy decretando. Pero no creo en eso… Simplemente veo los hechos como son..., y los testimonio. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Fragmentos de una novela espiritual inédita



Un guru irreverente: Baba B… S…

   Al fondo del salón, sobre una pequeña alfombra que imitaba una piel de tigre, estaba sentado un sadhu de cabellos grises anudados en lo alto de la cabeza... Pude verlo mejor… Tenía sobre la frente unas franjas de ceniza horizontales y como única vestimenta un dhoti. Los caminos del Asia habían teñido su piel de un cobre oscuro y era tan delgado que se le notaban las costillas. A diferencia de la mayoría de los sadhus, no usaba barba, y en su rostro de pergamino brillaban un par de ojos claros…

   Cuando hablaba de Dios -o como él lo llamaba, del Eterno- y de los modos y vías para conocerlo, solía deslizar confesiones acerca de sus experiencias. 
—¿Qué somos, qué somos en realidad? —nos preguntó una tarde en que yo estaba sentada muy cerca de él.  
   Se oyeron algunos murmullos a modo de respuesta y él continuó:
—Lo que somos, y esto lo comprendí cuando empezaron mis experiencias de iluminación, se parece a la corriente eléctrica… Me supe esa corriente eléctrica, no nacida, inmortal, pura Conciencia, que circula por nuestro cuerpo dándole vida y que se retira cuando morimos.” 
 Un chico, con aspecto muy intelectual, hizo algún comentario objetando el concepto  de “corriente eléctrica”, comentario que no comprendí del todo, porque sus ideas y frases eran poco claras. 
 Baba lo miró en silencio unos segundos y dijo: 
—Bien…, esto de la corriente eléctrica es solamente una metáfora, porque lo que se percibe durante los estados alterados de conciencia, durante las experiencias iluminativas, es intransmisible…, excepto con metáforas…

   Le pregunté cómo seguir mi camino…
—Lo único que importa es que estés atenta, despierta, pues el aprendizaje más importante surge de la vida… —dijo mirándome con gravedad.



Fragmento de la novela, aun inédita, Peregrina en la India



Aclaración: este fragmento, como el resto de la novela, está registrado en la Dirección Nacional del Derecho de Autor de la República Argentina. Ninguna parte del mismo puede ser copiada o repetida (excepto citando la fuente y su autora).  




miércoles, 18 de noviembre de 2015

Cuando el arte invita a la reflexión (3)

Resurrección, de León Tolstoi

  Leí esta novela en mi adolescencia y me impresionó su profundo y significativo mensaje. La volví a leer hace algunos años y me siguió entusiasmando. Hay en ella  fuerza y espiritualidad, aunque coincido con muchos en que no es la mejor novela de Tolstoi, desde un punto de vista literario. Pero es, sin duda, la más comprometida con sus ideas y sus valores.  

  La trama: el príncipe  Nekhlyudov, narrador y personaje, es convocado para actuar como jurado en un caso de asesinato y entre los acusados reconoce a una joven que trabajaba en la casa de su familia y a la cual él había seducido años atrás, teniendo eso como consecuencia que la muchacha, de nombre Maslowa, fuera despedida y acabara en la prostitución. Aunque el príncipe comprende que la Maslowa es inocente, la mujer que ve ahora es por cierto muy distinta a la joven bella y pura que había conocido y tal vez…, de algún modo…, amado. Mediante una lucha del personaje consigo mismo, que implica una gran toma de conciencia, Tolstoi nos muestra las agonías de un ser humano que siente culpa y quiere redimirse. El príncipe comprende que debe ayudar a la Maslowa, hasta cualquier límite que la realidad imponga, porque se siente responsable: fue su acción inicial la que llevó a la mujer a una paulatina degradación.   

  El dilema central de la novela es un dilema moral, y su resolución aparece como el intento auténtico de un ser humano que reconoce sus errores y está dispuesto al sacrificio. Hay en él una paulatina transformación, y también la hay en la Maslowa,  lo cual se muestra con claridad en el desenlace, cuando ella marcha a Siberia junto a otros condenados, pero iniciando un camino nuevo y mejor en su vida.

   Por supuesto hay más asuntos e ideas en esta gran novela: las injusticias de la Rusia de esa época, la miseria de muchos, etc., etc. Como gran humanista cristiano, Tolstoi no deja nada sin decir, pero a los efectos de este post, me he centrado en lo esencial.

  Es una historia que conmueve y un ejemplo de arte comprometido, y aunque han pasado más de cien años desde que fue publicada, como sucede con toda gran novela, no ha envejecido.   

domingo, 6 de septiembre de 2015

Cuando el arte invita a la reflexión (2)



El Náufrago

    En este post me referiré a una película que es el contrapunto temático de “Mil veces buenas noches”. Si esta última es acerca de las elecciones en la vida, la que voy a comentar plantea una situación en la que es imposible elegir, en la que solamente podemos entregarnos. 
  El director de El Náufrago, Robert Zemeckis, se caracteriza por tratar profundos temas humanos y espirituales en sus películas, pero de un modo simbólico, jamás explícito. Y siempre sentí que esta película es una alegoría de la Entrega. 
    Después de un accidente de avión, el protagonista (Tom Hanks) es arrojado a una isla desierta, y cuando finalmente abandona las esperanzas de que lo encuentren, logra entregarse a su situación. En una escena casi al final, al contarle a un amigo sus vicisitudes en la isla (de la que no pensaba salir vivo), le confiesa que durante esos años de absoluta desesperanza sintió que lo único que podía hacer era “continuar respirando”, o sea, mantenerse con vida. 
   Al cabo de cuatro años, la marea trae a la playa una parte del avión, la cual le sirve de vela. Gracias a eso puede construir una balsa y abandonar la isla, aunque después de días remando, pierde la vela durante una tormenta. De nuevo, como durante esos cuatro años, su única opción es entregarse. Casi inconsciente yace sobre la balsa, que va a la deriva, hasta que ya en el límite de sus posibilidades de sobrevivir, se cruza en su camino una gran nave que lo rescata. 
   A mi juicio,  el mensaje central es que nuestra voluntad puede muy poco, porque hay fuerzas que determinan los acontecimientos y que siempre nos superan. Este tema aparece en otras películas de Zemeckis, como en “El Vuelo” (una película notable, que comentaré en otro post). Claro que ésta es mi interpretación, porque otras podrían mencionar el azar, y claro que hay mucho más para decir sobre El Naúfrago... Únicamente me he referido a lo que resonó más en mí. 
   Porque cuando una obra (novela, película, etc.) es realmente arte, resuena en los espectadores o lectores de muchas maneras, las cuales pueden ser muy distintas para cada uno e ir más allá, mucho más allá, que lo que sus autores inicialmente pretendían.  

sábado, 18 de julio de 2015

Cuando el arte invita a la reflexión: temas espirituales y existenciales en novelas y películas (1)




Mil veces buenas noches

  Esta excelente película, dirigida por Erik Poppe, además de plantear una historia muy actual y de profundo alcance, es de esas que invitan a polemizar. 
   Rebecca es una fotógrafa de guerra, y después de un incidente en un país árabe en el que casi pierde la vida, al volver a su hogar en Irlanda tiene que enfrentase a un terrible dilema. Su esposo (biólogo marino y ecologista), quien hasta ese momento había admirado su trabajo, le plantea que no lo soporta más, como tampoco lo soportan sus hijas (una pequeña y una adolescente), quienes están siempre a la espera de que su madre muera. 
   Rebecca (Juliette Binoche) es una idealista, su trabajo la apasiona y lo siente como una misión: ella quiere mediante sus fotografías mostrar a la gente lo que sucede en otros lugares del mundo, las injusticias que otros padecen. Pero su trabajo trae sufrimiento a los suyos. Desgarrada entre el tironeo de su vocación y el de su vida como madre y esposa, Rebecca tiene que elegir. Y al final de la película lo hace, aunque no diré en este post cual es su decisión, para no anticipar la evolución de la trama. 
  Sin duda, y sin llegar a un caso tan extremo, elegir entre la vocación y los deberes familiares es una elección difícil, y más para una mujer. Y habrá quienes opinen que la familia está primero, y otros que opinen que un ser humano debe seguir sus sueños e ideales, a costa incluso del sacrificio suyo y de sus seres queridos.  
 Mientras miraba la película, no dejaba de pensar que su protagonista era heroica, y que su pasión por testimoniar era algo valioso, pero que… no debería haber tenido hijos. La vida es muy corta, y no podemos abarcar todo. Y si nuestros ideales nos conducen en una dirección peligrosa (o algo equivalente, como un trabajo que nos quite la mayor parte del tiempo), y más siendo mujeres, deberíamos pensarlo mucho antes de ser madres. Y no creo que sea distinto en el caso de los hombres. La procreación era una necesidad en tiempos remotos, para que la especie no  desapareciera, pero en un mundo superpoblado como el de hoy renunciar a los hijos es una opción viable, y sobre todo para personas que desean una vida con riesgo, como la protagonista del film que comentamos. 
   Pero muchas personas pensarán de otro modo… 
  No hay respuesta única para este claro dilema. Creo que hay respuestas individuales, que dependerán de como cada uno es o siente.  
  

miércoles, 29 de abril de 2015

Por qué un libro se convierte en best seller




   Cada vez que he leído un best seller, me he preguntado con desconcierto qué hizo que se convirtiera en best seller. ¿Un libro se convierte en best seller sólo como resultado de una poderosa campaña promocional o hay otros factores? 
  Revisando lo que dicen los expertos sobre este asunto, encontré que algunos definen fórmulas, asegurando que se repiten en todo best seller. Por ejemplo, que sea muy entretenido, que tenga suspenso, que emocione, que enganche, que imite al folletín, que su lenguaje sea sencillo, que tenga mucha acción y muchos diálogos, etc., etc. Un conocido novelista asegura que al best seller lo hace el público y otro (autor de best sellers) confiesa que no sabe el motivo.  Y todos aseguran que un superventas no puede preveerse ni planearse (sino todos los autores los escribirían). 
  Otros analistas atribuyen a la maquinaria promocional todo el mérito, diciendo que las editoriales apuestan por libros que responden a los gustos y expectativas del público masivo en ese momento. No es una literatura sofisticada, sino de entretenimiento, sin profundidad ni planteos que vayan más allá que hacerle pasar un buen rato al lector.
   El "Código da Vinci" es un ejemplo de superventas debido a la maquinaria promocional. Se trata, a mi juicio, de una novela entretenida y punto, que si bien pretende transmitir información original, se limita a repetir datos de otros libros, los cuales por añadidura no son considerados como fuentes de confianza.
  Por otra parte, al investigar he descubierto libros que no tuvieron éxito en su momento pero lo tuvieron mucho después. Un ejemplo sería "Moby Dick", de Herman Melville. Su autor era un novelista famoso, pero esta obra no tuvo éxito en vida del autor. Sin embargo, se convirtió en best seller cien años después. 
  Hay libros que se convierten en best sellers eternos. Un ejemplo es "El Principito", que no responde a ninguna de las fórmulas mencionadas antes. ¿Cuántas décadas han pasado, y esta pequeña joya se sigue leyendo? 
   Y "Cien años de Soledad", de García Márquez, se vende muchísimo desde que se publicó, y tampoco responde a las mencionadas fórmulas. Es literatura con mayúsculas, original, y sin ninguno de los ingredientes mencionados por los expertos, excepto que sí es muy entretenida.  
   Creo, además, que a partir de cierto punto el best seller se vende porque es best seller. Es como una bola de nieve, que a medida que rueda se agranda. Mucha gente compra un libro porque es un superventas, dando por supuesto que si llegó a serlo sus méritos tendrá. 
    Lo curioso es que muchos de estos grandes best sellers fueron inicialmente rechazados por las editoriales, hasta que alguna dijo sí,  se arriesgó, y el libro se convirtió en superventas. Un ejemplo sería "Juan Sebastián Gaviota" de Richard Bach.  
   Como síntesis de lo investigado acerca de este asunto,  mi deducción es que deben darse dos requisitos para que un libro se convierta en superventas:

(1) Una maquinaria editorial poderosa, que pueda lanzar a un libro de modo tal que todos los lectores del mundo tengan acceso al mismo (mediante traducciones) y que pueda publicitarlo hasta el cansancio en todos los medios. 

(2) Cumplir con ciertas condiciones indefinibles, con cierto factor x. El  factor x es ese componente desconocido que hace que un libro le guste a muchísima gente, quizás porque toca temas que conectan con las necesidades del inconsciente colectivo, porque responde a corrientes subterráneas que lo hacen atractivo. 
  Ese factor x no implica excelencia literaria. En el caso de la novela "La novena revelación", un gran superventas de los años noventa, literariamente pésima, el factor x era la información que brindaba sobre temas claves, transmitida de un modo sintético, claro y entretenido. 
  "El Alquimista" de Paulo Coelho, es por el contrario una historia bellamente escrita, pero su factor x no tiene que ver con eso, sino con sus inspirados mensajes, los cuales fascinan a todo el mundo porque son un estimulante de la esperanza, fortalecen nuestras ilusiones. Este relato es en realidad un poderoso libro de autoayuda.
   El factor x de "El Código Da Vinci" es que pretende transmitir información confiable (y bastante escandalosa) acerca de asuntos que intrigan y apasionan a muchísima gente, relacionados con los orígenes del Cristianismo.  
   Las novelas de Herman Hesse empezaron a venderse mucho cuando emergió en Occidente una búsqueda espiritual que se enfocaba en otras tradiciones. Y no sé de nadie interesado en la espiritualidad que no haya leído alguna (o varias) de las novelas de Hesse. 

   Ahora bien,  el requisito (2) sin el (1) no funciona. La maquinaria editorial y la promoción poderosa son condición indispensable para hacer de un libro un superventas. Ningún libro se convierte en best seller si no lo publica una gran editorial que apueste por él (y son los best sellers los que dan más ganancia a una editorial). 
   Como ejemplo mencionaremos nuevamente a "El Alquimista" de Coelho.  Este relato tuvo una primera edición en Brasil que fracasó (mil ejemplares que no llegaron a venderse por completo), pero años después su autor consiguió que una importante editorial norteamericana lo volviera a publicar (Harper Collins) y entonces el libro despegó y llegó a ser un mega best seller. 
  Tendríamos que preguntarnos qué hizo Coelho para conseguirlo, porque dada la creciente concentración del mercado editorial en el mundo, llegar a ser ese escritor o escritora privilegiados en quienes las poquísimas empresas editoriales grandes ponen el ojo, tiene la misma posibilidad que ganarse la lotería. 
  Hay muy pocas editoriales importantes en el planeta. Éstas dominan el mercado e incorporan a otras editoriales más pequeñas en su red empresarial global. Si observamos lo que pasa en las librerías, veremos que los libros expuestos bien a la vista (en la vidriera y en las mesas) son los publicados por las grandes casas editoras, las cuales hoy en día son empresas internacionales. 
   En este mismo blog, declaro en otro post (Quién decide lo que leemos) que desde hace décadas la mayoría de la gente compra los libros que expertos, críticos y periodistas le recomiendan. Y, ¡oh, casualidad!, ocurre que esos libros son todos publicados por las grandes editoriales. 
     En suma: aunque no esté presente el requisito (2), si se da el (1), un libro puede llegar a venderse muy bien. Quizás no a convertirse en mega best seller, ese que todo el mundo lee, pero sí a venderse bien o más que bien. Pero para llegar a mega best seller, son necesarios ambos requisitos. 




  


jueves, 11 de septiembre de 2014

Nueva Traducción de un cuento de León Tolstoi - primera parte

Aquello por lo que viven los seres humanos (1)
Relato de León Tolstoi

Traducción y adaptación
Savitri Ingrid Mayer
1.
   Había una vez un zapatero muy pobre, quien tenía un solo abrigo para el invierno. Dicho abrigo, que compartía con su mujer, estaba muy gastado y ya era el segundo año que deseaban comprar una piel de oveja para hacerse un nuevo abrigo. Hacia el invierno habían ahorrado algún dinero y el zapatero pensaba conseguir más si le pagaban lo adeudado unos clientes.
   Una mañana muy fría se dirigió al pueblo para cobrar las deudas, y con eso más lo ahorrado comprar la piel. Pero no hubo suerte… Solo consiguió que le dieran un par de botas para arreglar, pero no dinero.
   Amargado, gastó parte de lo que llevaba en bebida e inició el regreso a su casa, lamentándose por su pobreza y preocupado por lo que diría su mujer, aunque intentando convencerse a sí mismo de que estarían bien  a pesar de eso y de que no necesitaban un nuevo abrigo.
   Al acercarse a una capilla, empezó a ver algo raro, aunque no pudo distinguirlo bien hasta que estuvo cerca. Se trataba de un hombre desnudo e inmóvil... El zapatero se asustó y pensó: “Alguien debe haberlo asesinado, le quitó sus ropas y lo arrojó allí… Si me acerco tendré problemas”.
   Y siguió de largo… Pero después de alejarse un poco, miró hacia atrás y vio al hombre que se movía y parecía observarlo. El zapatero estaba más asustado que antes, y reflexionaba acerca de lo que debía hacer. Su impulso era alejarse, pero su conciencia se lo impidió.
   Se detuvo y se dijo: “¿Qué estás haciendo, Simeón? Un hombre está muriendo en la miseria y tú pasas de largo y pierdes el coraje… ¿Te has vuelto rico, temes que te robe? ¡Oh, Simeón, esto no está bien!”
   Entonces dio la vuelta y se acercó al hombre… Lo miró y vio que era joven y no tenía heridas en su cuerpo, aunque estaba helado y asustado. Yacía reclinado y no miraba a Simeón, como si estuviera debilitado y no pudiera levantar los ojos.
   Simeón se acercó más a él y el joven pareció reaccionar: levantó la cabeza, abrió los ojos y miró al zapatero… Esta sola mirada hizo que Simeón opinara bien de él…
   Agarró al joven por los brazos, comenzando a levantarlo… El muchacho se levantó y el zapatero vio que su cuerpo era suave y limpio, sus manos y pies no tenían callosidades, y su rostro era gentil.  Se sacó su raído abrigo y lo arrojó sobre los hombros del joven, pero éste parecía no saber como ponérselo, así que Simeón tuvo que ayudarlo. Estuvo por darle también su sombrero, pero luego pensó que el joven tenía un largo cabello ondulado, que lo protegía del frío, mientras que él era calvo. En cambio, le puso las botas que le habían dado para arreglar en el pueblo.
   Luego lo invitó a seguirlo, preguntándole si podía caminar, y el muchacho –que lo miraba mansamente- no dijo nada, pero lo siguió. Mientras caminaban, Simeón le preguntó quién era.
―Soy un extranjero ―fue la respuesta.
—Conozco a todo el mundo… ¿Cómo llegaste a ese lugar cerca de la capilla?
— No puedo decirlo.
—¿Te han insultado?
—Nadie lo ha hecho… Dios me ha castigado.
—Por supuesto, Dios hace todo… Pero aun así, deberías encontrar un lugar para quedarte. ¿Adónde quieres dirigirte?
—Me da lo mismo…
    Simeón estaba sorprendido: el joven no parecía un delincuente, su forma de hablar era amable, pero no decía nada sobre sí mismo. El zapatero pensó que toda clase de cosas suceden, y le dijo:
—Bueno, ven a mi casa, así entras en calor durante un rato.
   Mientras caminaban, Simeón sentía frío, e iba diciéndose que no solamente volvía sin la piel, sino que llevaba a un hombre desnudo con él, y su mujer no lo elogiaría por eso... Pero mientras observaba al forastero y recordaba como lo había mirado en la capilla, la sangre empezó a juguetear en su corazón.

   Matriona, la esposa de Simeón, había tenido las cosas hechas desde temprano. Había cortado la leña, acarreado el agua, alimentado a los niños, y estaba calculando si alcanzaría el pan que le quedaba. Todavía quedaba un buen pedazo, así que podría esperar para hacer más.
    Se sentó a la mesa y se puso a remendar una camisa de su marido, mientras se preguntaba cómo le habría ido a él en el pueblo, esperando que regresara con la piel y recordando cómo habían sufrido el invierno anterior por no tener un buen abrigo.
   Al oír pasos salió afuera y vio que venían dos: su marido y un hombre sin sombrero. Olió el licor en el aliento de Simeón y vio que no traía nada, ni siquiera su viejo abrigo. Se lamentó para sus adentros, imaginando lo que habría ocurrido…
   Cuando los hombres entraron en la vivienda, vio al muchacho llevando su abrigo… Él permanecía quieto, sin levantar los ojos… Y ella pensó que no debía ser bueno y que estaba asustado.
   Simeón se sacó el sombrero, y sentándose le preguntó a su mujer si les iba a dar algo para cenar. Matriona gruñó por lo bajo, mirando a uno y a otro, mientras movía la cabeza… Simeón vio que su mujer no estaba de buen humor, pero como no podía hacer nada, hizo como si no se diera cuenta. Tomó al extraño por el brazo y lo invitó a sentarse, mientras le preguntaba a Matriona si había cocinado.
   Entonces, ella estalló:
—¡Sí, he cocinado, pero no para ti! Fuiste a conseguir una piel, y has vuelto sin ella,  y trayendo contigo a un vagabundo desnudo… ¡No tengo cena para ustedes, borrachos!
  Matriona y Simeón empezaron a discutir.  El quería explicarle lo sucedido, pero ella no lo dejaba, metiendo en la discusión toda clase de cosas, incluso las sucedidas diez años antes. Ella hablaba y hablaba, mientras Simeón trataba de contarle cómo había encontrado al joven casi helado, y que Dios lo había enviado a él  porque sino el chico habría muerto. Y le pidió que se calmara.
   Matriona quería seguir rezongando, pero al mirar al joven se calló… El forastero estaba sentado, no se movía… Sus manos estaban plegadas sobre sus rodillas, su cabeza caída sobre el pecho, los ojos cerrados, y fruncía el rostro como si algo lo asfixiara.
  Simeón le preguntó a su mujer si se había olvidado de Dios…
  Al oírlo, Matriona miró al joven… y súbitamente su corazón se ablandó…
  Se acercó al horno y sacó la cena, que estaba lista. Y organizó todo sobre la mesa, ubicando el trozo de pan que le quedaba. Luego, les alcanzó los cubiertos y los invitó a comer.

   Ellos empezaron a cenar, mientras Matriona miraba al forastero… Sintió pena por él y se dio cuenta que el joven le agradaba.
   Entonces, el forastero pareció alegrarse: su expresión de ahogo desapareció y abriendo los ojos, sonrió a Matriona.
   Una vez terminada la cena, Matriona empezó a interrogarlo… El chico respondió lo mismo que había respondido a Simeón, diciendo que Dios lo había castigado, y que Simeón había tenido piedad de él, y que ella también había tenido piedad al darle de comer, y que por eso serían bendecidos.
   Matriona agarró la vieja camisa de su marido, la que había estado remendando, y se la dio al joven. Y también encontró unos pantalones para darle.
   Luego lo invitó a acostarse: en una hamaca o cerca del horno.
   El forastero se vistió y se recostó en la hamaca.
   Matriona apagó la luz y se acomodó para dormir junto a su marido. Pero no podía dejar de pensar en el extraño joven, quien se había comido el último pedazo de pan, y por eso no tendrían pan a la mañana siguiente…, y además le había dado ropa…, y todo eso la ponía mal… 
   Pero al recordar la sonrisa que el chico le había dirigido, su corazón se alegró.

(Continúa)








Nueva traducción de un cuento de León Tolstoi - segunda parte

Aquello por lo que viven los seres humanos (2)
Relato de León Tolstoi

Traducción y adaptación
Savitri Ingrid Mayer

2.

   Al despertar por la mañana, Simeón vio que los niños aun dormían, y que su mujer había ido a lo de los vecinos a pedir pan prestado. El forastero estaba sentado en un banco y miraba hacia arriba: su rostro brillaba más que el día anterior.
   Simeón le dijo:
—Bueno, mi amigo: la barriga pide pan y el cuerpo desnudo pide ropa… Debemos ganarnos la vida… ¿Puedes trabajar?
—No sé hacer nada.
—Es solamente desearlo, la gente puede aprender…
—Si la gente trabaja, yo también trabajaré.
—¿Cuál es tu nombre?
—Miguel
—Bueno, Miguel…, no quieres hablar acerca de ti mismo… Es tu asunto…, pero un hombre tiene que vivir… Si trabajas como yo te lo ordene, te alimentaré.
—Dios te salve…, aprenderé… Muéstrame lo que tengo que hacer.
—No es difícil, ya lo verás…
  Y Simeón empezó a enseñarle su oficio. Miguel comprendía todo enseguida, y al tercer día estaba ayudando al zapatero como si no hubiera hecho otra cosa en la vida. Trabajaba sin descanso, comía poco, era silencioso, y todo el tiempo miraba en dirección al cielo. No salía a la calle, no decía nada superfluo, y no bromeaba ni reía.
   Solo una vez había sonreído, la primera noche, cuando Matriona le había dado la cena.

  Un día siguió al otro, una semana a la otra, hasta que pasó un año. Miguel seguía trabajando y viviendo con ellos. Y se corrió la voz de que nadie cosía una bota de un modo tan resistente y prolijo como el ayudante de Simeón. Y la gente de todos los pueblos vecinos empezó a acudir para que les hicieran las botas, y los ingresos del zapatero empezaron a aumentar.
  Un día, durante el invierno, Simeón estaba sentado junto a Miguel, ambos trabajando, cuando un vehículo se detuvo a la puerta.
   Miraron por la ventana: un carruaje se había detenido frente a la casa, y un muchacho estaba saltando del pescante para abrir la puerta del mismo. Descendió un caballero con abrigo de pieles, quien se dirigió a la vivienda… Matriona le abrió la puerta y el caballero entró.
  Simeón se inclinó ante el caballero, nunca había visto un hombre así: su rostro era colorado, su cuello parecía el de un toro.
   El hombre resopló, se sacó el abrigo, se sentó, y preguntó quien era el maestro zapatero. Simeón se presentó, mientras el hombre le gritaba a su sirviente que le trajera el cuero.
   El chico vino corriendo con un paquete, que el caballero colocó sobre la mesa. Y le dijo a Simeón:
—¡Escúcheme, zapatero! ¿Está viendo el cuero?
—Lo veo, respetable señor.
—¿Usted comprende qué clase de cuero es éste?
Simeón lo tocó y dijo:
—Es muy bueno.
—¡Seguro que lo es! No creo que usted haya visto algo así antes. Es importado, me costó una fortuna.
  Simeón aseguró no haber visto nunca algo así, y estaba atemorizado. El caballero le preguntó si le podía hacer botas con ese material. Y al responder Simeón que sí, el caballero exclamó:
—¡Eso es, usted puede!  Pero debe comprender para quien va a trabajar, y con qué material… Hágame un par de botas que duren un año sin romperse. Si puede hacerlo, tome el trabajo y corte el cuero. Si no puede, no tome el trabajo y no corte… Y se lo digo ya: si las botas se gastan demasiado o se rompen antes que se cumpla un año, lo haré encarcelar. En cambio, si no se gastan ni se rompen, le daré una buena suma por el trabajo.
  Simeón estaba asustado y no sabía qué decir… Le pidió su opinión a Miguel… Y Miguel asintió, diciéndole que aceptara el encargo.

  Luego, diciéndole a Miguel que su vista era más aguda y sus manos más ágiles, Simeón le pidió que cortara el cuero.
  Miguel extendió el material sobre la mesa y empezó a cortar… Matriona  entendía un poco del oficio y se puso a mirar al ayudante mientras cortaba, y vio que no lo estaba haciendo como lo hacía su marido, sino dándole una forma distinta. Pero no dijo nada.
   Y Miguel hizo su trabajo, y el calzado estuvo listo.
   Pero no eran botas sino unas zapatillas.
   Por la noche, Simeón vio lo que había hecho Miguel. Y se preguntó: “¿Cómo puede ser? ¡Ha estado conmigo por un año, nunca cometió un error, y ahora me ha creado semejante problema!… El caballero encargó botas y Miguel ha hecho zapatillas, arruinando el material. ¿Cómo voy a resolver esto ahora?”
  Y se lo dijo a Miguel, quejándose y recriminándole…
  En ese mismo momento se oyó un golpe en la puerta. Miraron por la ventana. Vieron a un hombre atando su caballo. Abrieron la puerta y descubrieron que era el sirviente del caballero.
   El muchacho dijo que lo enviaba su señora, y que su patrón ya no necesitaba las botas, porque había muerto al llegar a su casa. Y su patrona lo había enviado con el encargo de que no hicieran las botas y usaran el cuero para un par de zapatillas.
  Miguel tomó las zapatillas ya terminadas y el material que había sobrado, y se lo entregó al emisario.

   Pasó otro año, y otro, hasta que se cumplieron seis años de la llegada de Miguel.
   Él seguía como siempre. No iba a ningún lado, no decía ni una palabra innecesaria, y en todo ese tiempo había sonreído solamente dos veces: una la primera noche, cuando le dieron la cena, y la segunda vez cuando vino el caballero.
  Semión no se cansaba de admirar a su ayudante. Y ya no le preguntaba de dónde había venido…, su único temor era que se fuera algún día. 

(continúa)








Nueva traducción de un cuento de León Tolstoi - tercera parte

Aquello por lo que viven los seres humanos (3)
Relato de León Tolstoi

Traducción y adaptación
Savitri Ingrid Mayer


3.

   Una mañana (Matriona estaba poniendo la comida en el horno, los niños jugaban y corrían, Semión afilaba sus cuchillos y Miguel se ocupaba con unos zapatos) uno de los niños se arrimó a Miguel, mientras miraba por la ventana, y le dijo:
-Tío Miguel, mira… Se acerca una mujer con unas niñas pequeñas. Una de las niñas es renga.
   Cuando el chico dijo eso, Miguel dejó su trabajo, se acercó a la ventana y miró hacia la calle.
   Simeón se asombró:  Miguel nunca miraba a la calle, y ahora se había precipitado a la ventana y estaba observando algo…
   Simeón también miró por la ventana. Vio una mujer bien vestida, acompañada por dos niñas pequeñas. Las dos eran muy parecidas, pero una de ellas tenía una cojera en la pierna izquierda.
  La mujer entró en la casa, saludó y se sentó junto a la mesa, mientras las niñas se apretujaban contra ella. Parecían tímidas.
—Quiero que me hagan unas botas de cuero para las niñas.
  Simeón aclaró que nunca habían hecho un calzado tan pequeño, pero que podía hacerse… Y miró a su asistente, quien había dejado de trabajar y observaba a las niñas.
   Simeón volvió a asombrarse. Sin duda las niñas eran hermosas, pero incluso así no podía entender por qué Miguel las miraba como si fueran sus amigas.
  Discutió los detalles con la señora, llegaron a un acuerdo, y empezó a tomar las medidas. La mujer puso a la niña renga sobre sus rodillas y dijo:
—Tome dos medidas de esta niña, y haga una bota para el pie cojo y tres para el sano. Ellas tienen exactamente la misma medida en sus pies, son mellizas.
   El zapatero tomó las medidas y preguntó por qué la niña era coja, y si había nacido así.
—No, su madre la aplastó –respondió la mujer.
  Enseguida apareció Matriona, y le preguntó si ella no era la madre.
  La señora respondió que no, aclarando que las había adoptado.
—¡No son sus hijas, y sin embargo cómo se ocupa de ellas! –se asombró Matriona.
—¿Por qué no lo haría? Las alimenté con mis propios pechos… Yo tenía un hijo de mi vientre, pero Dios se lo llevó.
  Matriona preguntó de quién eran las niñas.
—Hace seis años, estas huérfanas perdieron a sus padres, en el lapso de una semana. Su padre fue enterrado un martes y su madre murió el viernes. Ellas nacieron tres días después de la muerte del padre y la madre no duró ni un día…  Por esa época yo estaba viviendo con mi marido en el mismo pueblo, éramos vecinos de ellos… El padre era un hombre solitario que trabajaba en el bosque. Un árbol cayó sobre él, matándolo…  La madre dio a luz tres días después, a solas, porque era pobre y no disponía de partera…
   Sola las dio a luz y sola murió…
   Yo fui por la mañana a verla, pero la pobrecita ya estaba fría… Al morir, cayó sobre esta niña, lastimándola…  La gente vino, la lavaron y vistieron, la pusieron en un cajón y la enterraron… ¿Qué hacer con las niñas?...  De todas las mujeres que aparecieron, solamente yo tenía un bebé. Era mi primer niño, y lo había estado alimentando durante ocho semanas… Me llevé a las niñas a mi casa hasta que se decidiera qué hacer…  Los paisanos se reunieron para decidirlo, y  me pidieron que las cuidara por algún tiempo, hasta que supieran qué hacer con ellas… Y yo amamanté a la niña que estaba sana,  no quería hacerlo con la niña lastimada, pero me dio pena y la alimenté a ella también… Así, las alimenté a las dos y al mío, todo con mis pechos… Era joven y fuerte, y Dios me proveyó de tanta leche, que a veces se derramaba… Yo alimentaba a dos a la vez, mientras el tercero esperaba… A mi propio niño lo perdí al segundo año y Dios no me ha dado más hijos… Nuestras cosas empezaron a marchar muy bien: ahora ganamos más, tenemos un buen pasar… Y no tengo más hijos… ¿Cómo viviría si no fuera por estas niñas?...  ¿Cómo no voy a amarlas?
  Con  una mano la mujer apretaba a la niña coja, y con la otra se secaba las lágrimas…
  Matriona suspiró y dijo:
—Como dice el proverbio: “Se puede vivir sin padres, pero no sin Dios.”

  Y así estaban conversando, cuando de pronto la habitación se iluminó y pareció que un resplandor venía desde el rincón donde estaba Miguel. Todos miraron y lo vieron sentado, con las manos plegadas sobre sus rodillas, mirando hacia arriba y sonriendo.
(continúa)









Nueva traducción de cuento de Tolstoi . cuarta parte

Aquello por lo que viven los seres humanos (4)

Relato de León Tolstoy

Traducción y adaptación
Savitri Ingrid Mayer


4.

  La mujer se fue con las niñas y Miguel se levantó del banco.
  Se sacó el delantal, lo dobló, se inclinó frente al zapatero y su mujer, y les dijo:
—Dios me ha perdonado… Ustedes también deben perdonarme…
  El maestro zapatero y su esposa vieron una luz que brotaba de Miguel…
   Semión se levantó, se inclinó ante él y declaró:
—Ya vi, Miguel, que no eres un hombre común, y no puedo pedirte que te quedes. Pero dime: ¿por qué, cuando te encontré y te traje aquí, estabas triste, y cuando mi esposa te dio de comer, le sonreíste y pareció que resplandecías?... Después, cuando el caballero ordenó las botas, sonreíste por segunda vez, y resplandeciste más aun… Y ahora, cuando la mujer trajo a las niñas, sonreíste por tercera vez, y tu resplandor fue mayor que nunca…  Dime, Miguel, ¿por qué esa luz viene de ti y por qué sonreíste tres veces?
   Y Miguel respondió:
—La luz sale de mí, porque había sido castigado pero ahora Dios me ha perdonado. Y sonreí tres veces, porque tenía que aprender tres verdades de Dios, y ya las he aprendido... Una verdad la aprendí cuando tu esposa se apiadó de mí…, por eso sonreí la primera vez. La segunda verdad la aprendí cuando el hombre rico ordenó las botas, y entonces sonreí por segunda vez. Y ahora, cuando vi a las niñas, aprendí la tercera verdad, y sonreí por tercera vez.
  Semión siguió preguntando:
—Dime, Miguel, por qué Dios te castigó, y cuáles son esas verdades de Dios, para que yo las conozca.
   Y Miguel respondió:
—Dios me castigó porque no obedecí… Yo era un ángel en el cielo y desobedecí a Dios… Dios me había enviado abajo para buscar el alma de una mujer… Volé a la tierra, y vi que la mujer yacía enferma, y que había dado a luz a dos niñas gemelas. Las niñas se movían cerca de la madre, pero ella no podía acercarlas a sus pechos… La mujer me vio y supo que Dios me había enviado para buscar su alma. Se puso a llorar y dijo: “Angel de Dios: mi esposo acaba de ser enterrado, lo mató un árbol en el bosque. No tengo hermana ni madre ni tía, no hay nadie para criar a mis huérfanas, ¡no te lleves mi alma! Permíteme criar a mis niñas, hasta que se sostengan sobre sus propios pies… Los niños no pueden vivir sin un padre, sin una madre.”
   Yo escuché a la madre, y puse una de las niñas contra su pecho y la otra entre sus manos, y me elevé hacia el Señor. Y cuando estuve delante de Él, le dije que no podía llevarme el alma de esa madre… Y el Señor me dijo: “¡Ve y toma el alma de esa mujer!... Y aprenderás tres verdades.... Aprenderás: qué hay en los seres humanos, y lo que no es dado a los seres humanos, y  aquello por lo que viven los seres humanos… Cuando las hayas aprendido, volverás al cielo”.
   Volví a la tierra y tomé el alma de la mujer… Las pequeñas cayeron de los pechos y el cuerpo muerto aplastó a una de ellas, lastimando su pierna… Intenté llevar el alma a Dios, pero un viento me atrapó, mis alas cayeron, el alma fue por sí misma hacia Dios y yo caí sobre la tierra.

    Semión y Matriona comprendieron a quien habían vestido y alimentado, comprendieron quien era el que había vivido con ellos, y lloraron… con temor,  asombro, embeleso y  alegría.
   Y dijo el ángel:
 —Estaba solo y desnudo… Nunca había conocido las necesidades humanas, ni el frío ni el hambre, y me convertí en un hombre… Y no sabía qué hacer… Vi la capilla del Señor y fui hacia allí para esconderme. Pero la capilla estaba cerrada y no pude entrar… Y se acercó la noche…, estaba helado y hambriento y con dolor…  De pronto escuché a un hombre que venía por el camino. Traía un par de botas y hablaba consigo mismo… Vi un rostro humano, por primera vez desde que me volviera hombre: ese rostro me pareció terrible y pensé que él no iba a ayudarme… El hombre siguió de largo y sentí desesperación, hasta que oí que regresaba… Lo miré y no lo reconocí:  antes, la muerte había estado en su rostro, ahora él había revivido,  y en su rostro vi a Dios… El vino hacia mí, me vistió y me llevó a su casa… Y una mujer estaba en la casa: ella era aun más terrible. Quería enviarme afuera, al frío, hasta que su marido le hizo recordar a Dios… Y ella, repentinamente cambió… Y cuando nos dio de comer y nos miró, la observé:  ahora estaba viva y reconocí a Dios en ella.
   Y supe la primera verdad:  lo que hay en los seres humanos.
    Supe que hay amor en los seres humanos… Y me regocijé, porque Dios había comenzado a revelarme lo que había prometido… Entonces sonreí por primera vez.
    Empecé a vivir con ustedes… Y al cabo de un año vino ese hombre, para encargar un par de botas que duraran un año sin gastarse ni romperse. Yo lo miraba, y de pronto vi detrás de su hombro a mi compañero, el ángel de la muerte… Solamente yo lo vi, dándome cuenta que antes que el sol se pusiera el alma de ese hombre sería llevada. Y pensé: este hombre quiere proveerse por un año y no sabe que no vivirá hasta la noche…
   Entonces conocí la segunda verdad: lo que no es dado a los seres humanos...
   No les es dado saber lo que realmente necesitan…
   Y sonreí por segunda vez… Y esperé hasta que Dios quisiera revelarme la tercera verdad.
   Al sexto año vino la mujer con las gemelas. Las reconocí y supe cómo habían podido sobrevivir… Y cuando la mujer se emocionó, vi en ella al Dios vivo, y comprendí aquello por lo que viven los seres humanos. Y supe que Dios me había revelado la tercera verdad y me había perdonado… Y sonreí por tercera vez.
    El cuerpo del ángel se vistió de luz, para que los ojos no pudieran contemplarlo, y habló con más fuerza, como si la voz no viniera de él sino del cielo.
   Y dijo:
―He comprendido que cada ser humano vive no por sí mismo, sino por amor. No fue dado a la madre saber lo que sus niñas necesitaban para vivir, ni al hombre rico saber lo que necesitaba para sí mismo. Y no le es dado a ningún ser humano saber si antes de la noche necesitará botas o zapatillas de muerto…
   Y me mantuve vivo cuando era un hombre, no por lo que hice para mí mismo, sino porque había amor en alguien que pasó y en su esposa…, porque tuvieron piedad de mí y me amaron…
   Y las huérfanas vivieron porque había amor en el corazón de esa mujer, quien se apiadó de ellas y las amó…
   El que tiene amor está en Dios y Dios está en él, porque Dios es amor.
   Y el ángel comenzó a cantar loas a Dios…, y debido a su voz la casa tembló. El techo se abrió, y apareció una columna de fuego elevándose…
   Semión, Matriona y los niños cayeron por tierra…
   Las alas del ángel se desplegaron… y se elevó hacia el cielo…

    Cuando Semión despertó, la casa estaba como antes, y solo estaban él y su familia.
 


Fin




Violeta y el Camino de los 22 Arcanos, casi tres años en este blog

      Cuando publiqué tres de mis novelas en forma de blog, varias personas me aconsejaron que no lo hiciera. Sin embargo, no estoy arrepent...